Un equipo, sin estrellas

CPC Sergio Luna Montero
Innovarum SAC

Siempre me ha gustado el futbol (aunque nunca he sido bueno jugándolo). Partido que había, partido que no me perdía. Sino iba al estadio, era porque estaba enfermo. Todos los domingos por la tarde, me iba a ver el último partido de la liga de mi distrito. Me hice hincha de un equipo, tendría 13 años y los jugadores en promedio 30 años. Yo era un niño al lado de verdaderos hombres. Pero con el tiempo, se hicieron mis amigos.

En la liga distrital, peleábamos el campeonato con un equipo que había sido bicampeón de esta, un equipo con muy buen poder económico y de mucha tradición. El título se peleaba entre ambos equipos. El titulo se definía en el partido que iban a jugar ambos. Yo sabía que el partido era importante y no podía faltar a la cita. Llego el día esperado, fue un “partido a muerte”, el marcador fue de 2 a 2. En el partido siguiente, le ganamos a otro equipo y nos consagramos campeones distritales.

La figura del equipo, era Carlos. El llego a jugar en el futbol profesional peruano en Sporting Cristal, su estancia en el equipo seria de dos años. Era una figura con mucha proyección, pero era muy flojo para entrenar y muy desordenado en su vida privada. Se quedó como una promesa más del futbol peruano (ya nadie se acuerda de él).

En el equipo de mi distrito, tenía “poses de verdadera estrella”. No iba a entrenar, se hablaba con muy pocas personas y llegaba con las justas a los partidos. Era una persona muy especial, pero la verdad era “el diferente”, el que definía los partidos. En el partido que les comente, hizo el gol del empate. De fuera del área empalmo la pelota y mando la pelota al ángulo (imposible para el arquero). Un verdadero golazo.

Empezó la ronda interdistrital, los partidos y los equipos con los cuales iban a jugar, aseguraban un buen espectáculo. Se tenía que entrenar de manera distinta y sobre todo se pedía más compromiso a los integrantes del equipo. Todos los tenían, pero menos Carlos, con él no iba (así de claro y sencillo).

Se hizo el sorteo, nos tocó el equipo campeón de San Martin de Porres. El partido de ida era en mi barrio, tenía que ir a ver jugar a mi equipo, no podía faltar. Este estaba programado para el domingo a las 03.00 pm. Tenía que hacer mis tareas, para que me dejaran salir e ir a este evento deportivo.

Llego el día del partido, los muchachos del equipo calentaban y no llegaba Carlos. Todos sabíamos que siempre llegaba al último, pero jugaba. Empezó el partido, sin su presencia. El primer tiempo perdíamos 0 a 1. Todos preguntábamos por él.

En el entretiempo llego, listo y dispuesto para jugar, pero con poses de “un verdadero divo”. Entro y volteamos el partido (afirmo). Juan (el capitán del equipo) y el DT le dijeron que se retire, no estaba comprometido con el grupo y no te necesitamos. Vete por donde viniste y no vuelvas más (sic).
Casi al terminar el partido, Cesar pone un centro milimétrico para Juan y este con un certero cabezazo, decreta el empate del equipo. Perdimos una batalla, pero no la guerra (se dijo en el equipo). Todo se definía en el partido de vuelta. En esta partido ya no estaba considerado Carlos, perdimos 1 a 0, quedamos eliminados. Los muchachos dejaron todo en la cancha, pero no alcanzo.

¿Qué es más importante una estrella o un grupo bien unido?.

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