Triste futuro

CPC Sergio Luna Montero
Innovarum SAC

Rómulo, es un muchacho del barrio donde vivo. Lo que lo conocemos, le decimos “Fideo”. Es un muchacho bastante flaco, alto y morenito. Tiene bastantes amigos, hace amistad fácilmente y es buena gente. No hay nadie que no lo conozca (es un muchacho bastante popular).

En el colegio fue un alumno bastante flojo, no le gustaba estudiar y menos ir. Es feliz, cuando está de vacaciones, empieza el colegio y sabe lo que le espera. Para él es una cruel tortura, estudiar para un examen. Ruega para acabar de una vez por todas el colegio. El repitió dos años el colegio: Uno en primaria y otro en secundaria.

Al terminar sus estudios secundarios, sabe que no le gustaba estudiar y no quería ir a la universidad o a un instituto. Tiene en claro que deber trabajar (en lo que sea), para ser algo en la vida. Converso con sus padres y les dijo (muy suelto de huesos): No quiero estudiar más, quiero trabajar y hacer mi vida. No pierdan su tiempo, pidiendo que estudie, porque no lo voy a hacer (sic).

Se presentó la oportunidad de empezar a trabajar como “reponedor de mercadería” en un supermercado, postula y entra. En su semana de inducción, siempre tuvo la curiosidad de aprender, era bastante preguntón y muy sociable con los instructores.

Para comenzar a trabajar, recabo todos los documentos que le pedían. En esta empresa, le depositaban todas quincenas y fines de mes. Para sus 18 años, tener dinero siempre en su bolsillo y no tener carga familiar, hace que “gaste a manos llenas” con los amigos. Pero aquí empezaron sus problemas. Un día lo encontré por la calle (estaba bastante mareado) y me pidió que le prestara dinero, para seguir con la juerga. Yo le di un NO contundente. Anda duerme y descansa en tu casa (le dije).

Una semana cualquiera, no llego a dormir a su casa y menos a trabajar. ¿Qué había pasado? Se fue de juerga con los amigos y se olvidó de todo. Volvió al trabajo, le pusieron un memo, por las inasistencias injustificadas. Pasó el tiempo, otra vez pasó lo mismo: Se fue de juerga con los amigos y otra vez no fue a trabajar. El supermercado, lo despidió ipso facto.

“Fideo” comenzó a trabajar en una empresa de transportes, como cobrador. Se levanta muy temprano y regresa muy tarde por la casa (siempre termina muy cansado). Pero otra vez, ha vuelto a las andadas. Otra vez ha faltado y se ha ido de juerga con los amigos. Los dueños de los carros, saben que falta al trabajo y ya no lo quieren contratar como su cobrador.

La semana pasada subí a un ómnibus, “Fideo” con su uniforme de trabajo. Estaba en un estado deplorable, su ropa toda cochina y sus zapatos sin lustrar (parecía un indigente). Me hice el que no lo vi. Hablaba con el cobrador y con el chofer del ómnibus. Les decía que le preste S/. 100.00 y les dejaba como prenda su “nuevo celular”. La plata es para seguir la juerga con los amigos.

Me da pena ver a “Fideo”, un muchacho que no llega a los 20 años, es irresponsable en el trabajo y empieza a tener problemas con el alcohol.

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